LOS MIEDOS DE UN SUPER LANZADOR

En noviembre se cumplieron cuatro años de la muerte de Roy Halladay, quien vivió un infierno durante sus años de super estrella y se estrelló en su avión en medio de la ansiedad y depresión

Por Fernando Ballesteros

Ganó dos trofeos Cy Young y estuvo en ocho Juegos de las Estrellas.

Hace 18 años era una especie de Randy Johnson en versión a la derecha: Un tipo gigante, dominante, intimidante….Impresionante.

Roy Halladay salía cada cinco días al montículo y era un modelo a seguir por las multitudes, de esos últimos pitchers abridores que hacían ver fácil los juegos completos.

Pero ese hombre que causaba pánico en sus rivales, en realidad estaba muerto de miedo en su interior y al final de su carrera.…Muerto en vida.

“Sufría náuseas y vomitaba antes de cada juego (que le tocaba abrir)”, expresó Brandy –viuda de Halladay–, en entrevista para ESPN en mayo del año pasado, donde describió el miedo que tenía el pelotero a fallar.

Roy falleció el de 7 de noviembre de 2017, cuando un avión de su propiedad que él mismo piloteaba se estrelló en Tampa Bay a sus 40 años de edad.

Y fue Brandy quien narró la pesadilla que vivieron como pareja durante muchos años, luego de que el lanzador tenía serios problemas de ansiedad –los cuales se agudizaron al final de su carrera con los Phillies de Filadelfia, de 2010 a 2013–, y eso derivó en una profunda depresión que lo asaltaba con pensamientos suicidas.

EL INFIERNO DE UNA SUPER ESTRELLA

Mientras Halladay era un héroe para miles de chicos en el mundo del beisbol, el pelotero luchaba todos los días con sus monstruos internos y un miedo indescriptible al fracaso.

Pero todo comenzó por sus problemas de alcoholismo cuando debutó con los Azulejos de Toronto en 1998 y batalló en sus inicios al registrar marca de 18-17 en sus primeros cuatro años, incluso con una horrible efectividad de 10.64 en el año 2000.

Halladay tenía un estándar muy elevado de competitividad, lo cual se remonta a su niñez cuando fue sometido a pruebas muy rigurosas por su padre Roy en el sótano de su casa en Denver y se cree que esa dureza de los entrenamientos le provocaron un tremendo daño sicológico, de acuerdo a algunos integrantes de su familia.

La viuda de Halladay señaló que en una pretemporada con los Azulejos en Dunedin, Florida –estando ambos en el tercer piso de un condominio–, el lanzador estaba llorando y le dijo: “Saltaría por la ventana; pero con la suerte que tengo, sólo me fracturaría la pierna y tendría que ir mañana al estadio”.

Con la ayuda psicológica del propio club y de su esposa, los grandes éxitos de Halladay llegaron a partir de 2002 con record de 19-7 y 2.93 de efectividad, mientras que en 2003 ganó su primer Trofeo Cy Young con 22-7 y 3.25, respectivamente.

Pero la ansiedad volvió a apoderarse de Halladay cuando comenzó a ganar más dinero. Entre 2004 y 2005 cobró 16.5 millones de dólares, pero sus números totales fueron de 20-12 y no pudo llegar a los 150 innings en ambas temporadas.

Halladay comenzó a tomar fármacos para controlar la ansiedad y depresión, aunque él salía al montículo y se miraba intimidante, mientras su niño dentro estaba lleno de pavor.

Así pasó su vida durante varios años y el 16 de diciembre de 2009 fue cambiado por tres jugadores a los Phillies de Filadelfia, con quienes ganó el Trofeo Cy Young al siguiente año y entonces firmó por tres temporadas y 60 millones de dólares.

Roy se puso más presión porque había llegado a la franquicia que había disputado dos Series Mundiales consecutivas, incluso ganando la de 2008.

Paradójicamente, cuando ya era un super millonario de MLB y uno de los peloteros más admirados, su vida personal se volvió más miserable.

Halladay terminó yendo con un sicólogo y un siquiatra al término de su carrera, los cuales le recetaron más medicamento y de acuerdo a las indagaciones sobre el día del avionazo, Roy tenía en su cuerpo antidepresivos, relajantes musculares y anfetaminas.

El ex lanzador tuvo dos hijos, Ryan y Braden, quienes jugaban en las ligas pequeñas en el año que él falleció.

En su entrevista para ESPN, su esposa Brandy accedió a contar dicha historia sólo por un motivo.

“No quiero que el desenlace de su historia sea: Roy Halladay es un adicto a las drogas que estrelló su avión”.

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