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octubre 28, 2020

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Julio Urías….De la Higuerita para el mundo

Por Fernando Ballesteros

CULIACÁN._ Conocí a los hermanos Carlos y Héctor Urías a principios de los 90’s, cuando ambos jugaban para el equipo La Higuerita –el ejido de Culiacán donde nacieron–, en la Liga de Segunda Fuerza Especial Los 4 Grandes que fue fundada por nuestro padre y durante cerca de 10 años se le consideró una de las mejores de Sinaloa.

En esa época era anotador de dicha Liga y al terminar los juegos cada domingo por la tarde preparaba un boletín redactado a puño y letra para los diferentes diarios de la capital sinaloense.

Así tuvimos conexión con futuros colegas del beisbol –sin ser periodista–, sobre todo con el maestro y leyenda de la crónica radial, Agustín de Valdez, quien a los 16 años de edad nos abrió las puertas de El Sol de Sinaloa para conocer la redacción con el olor del papel y la tinta antes de iniciarnos años después en el diario Noroeste.

Pero ese no es el tema sino los hermanos Urías, padre y tío de Julio, flamante lanzador campeón con los Dodgers.

La Higuerita, situada a 15 kilómetros de Culiacán, era el único equipo de la Liga Los 4 Grandes que tenía su estadio particular con una notable particularidad: Carecía de césped, pero Julián –el abuelo de Julio—lo mantenía en el rancho como una auténtica mesa de billar con tierra tucuruguay desde la caja de bateo, pasando por el infield y los jardines.

Carlos, papá de Julio, era el catcher y cuarto bate del equipo del rancho. Por esa época se sabía que lo pretendían equipos de la LMB y se quedó muy cerca de debutar con los Pericos de Puebla.

Su hermano ‘El Cheto’ Urías era todo un espectáculo como jardinero central y primer bate, incluso campeón en bases robadas de la Liga en par de ocasiones, pero sin el físico de su hermano para aspirar a jugar pelota de paga.

Ir los fines de semana a La Higuerita para anotar el doble juego, era todo un deleite con la familia Urías de extracción muy humilde y excelentes anfitriones para quienes los visitaban.

Después de casi una década, la Liga Los 4 Grandes llegó a su fin en 1996 tras ver pasar a varios jugadores que luego debutarían en la LMB y/o LMP: El fallecido Giovany Zamudio, Víctor Alvarez, Hugo Verdugo, Édgar Huerta y los infielders Arturo Félix y Florentino Morales –por citar algunos–, éste último incluso siendo pelotero activo en la Liga Mexicana reforzaba a Transmisiones Automáticas Herrera porque se permitían tres elementos categoría libre por equipo.

#ELFRUTO….Fue justamente ese año que desapareció la Liga, cuando nació Julio Urías en medio de una familia beisbolera en La Higuerita.

A partir de entonces le perdimos la huella al abuelo y los hermanos. El equipo del rancho desapareció, pero Carlos y Héctor comenzaron a jugar en otras ligas locales y gracias a su talento se acomodaron laboralmente en el SNTE 27.

Una vez que fue creciendo Julio, el papá sólo tuvo ojos para el pequeño que nació con problemas en un ojo.

Carlos decidió llevarlo a entrenar a la Liga Infantil Culiacán Recursos y al poco tiempo se metió de lleno como entrenador-manager, aplicando todos sus conocimientos a los niños y adolescentes.

Fue un gran sacrificio el que hizo Carlos, máxime que no es fácil salir tres veces a la semana de un rancho para atravesar la ciudad, tanto en la parte económica como por la inseguridad que siempre ha existido en Culiacán.

Cuando Julio llegó a los 6 años a dicha liga infantil, Óliver Pérez debutó justamente en Grandes Ligas con los Padres de San Diego (2002) y eso fue un acontecimiento para la ciudad porque era el primer culichi de la historia en MLB.

Pérez había egresado de la misma Liga Culiacán Recursos y se convirtió en un modelo para el pequeño Julio y todos los niños que soñaban con ser grandes en la pelota.

Pero no cualquiera puede alcanzar a grandeza en el beisbol.

Y eso fue que logró anoche Julio Urías. Se consagró cerrando el juego de la coronación para los Dodgers, el equipo al que seguía su padre de niño y adolescente gracias a Fernando Valenzuela.

Carlos desarrolló a Julio desde muy niño hasta su etapa Juvenil a los 15 años, cuando se vio en la necesidad de que Diablos Rojos lo negociara a los Dodgers para que todo fuera legal vía LMB.

Esa es la historia real del nuevo héroe del deporte mexicano, tal y como lo es también Víctor González con sus sacrificios ya descritos en una anterior columna.

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