VUELACERCAS

Salvador Cosío Gaona

El fracaso del béisbol mexicano a nivel olímpico obliga a tener nombres y apellidos de los responsables, y debe haber castigos ejemplares por ello, así como ceses necesarios. El ridículo mayúsculo de lo hecho por el seleccionado nacional en Tokio no puede simplemente quedar como una anécdota de algo que pudo ser y no lo fue, siendo que se tuvo una oportunidad excepcional de mostrar ante el mundo el nivel alcanzado por México en el Rey de los deportes y lo único que exhibimos fue un desastroso desempeño de un equipo armado al vapor, mal manejado, carente de hambre de triunfo y que nunca estuvo a la altura de la competencia a la que tuvo el gran privilegio de asistir.

A finales de 2019 Mexico logró lo que se antojaba más complejo, la calificación directa a participar en el hexagonal de los Juegos Olímpicos de 2020. Una clasificación forjada con esfuerzo y pasión además de con amor a la franela tricolor.

Previo a ello, se hizo un esfuerzo y no sin polémica se armó una selección bastante sólida encabezada por un muy buen timonel como Juan Gabriel Castro, que surgió después de ventilarse nombres como el de Ricardo Rentería, con experiencia en Ligas Mexicanas en equipos como Charros de Jalisco y timonel en Grandes Ligas; y otros como Juan Navarrete, también con importante mérito.

Castro logró una dupla muy buena con el gerente administrativo Kundy Gutiérrez, y armaron un excelente equipo gestionando y logrando los permisos de peloteros; realizaron muy buen trabajo en el Premier12 que les tocó jugar en Zapopan calificando a la súper ronda de Tokio e hicieron la hombrada de ganar allá lo necesario obteniendo uno de los dos boletos en disputa y logrando así su pase histórico a las olimpiadas.

Con la mesa puesta, ocurrió lo que ya sabemos; el retraso de la competencia a causa de la pandemia, pero en ese inter devino el caos ya ampliamente relatado en este espacio: negligencia, politiquería, grilla barata, manoseo, falta de recursos y el rompimiento. Desgraciadamente pudo más la ambición y gula de poder; la lucha entre directivos y funcionarios; la desidia o negligencia; la apatía de quienes deberían haber liderado desde las oficinas gubernamentales, y la de organizaciones deportivas; los conflictos de intereses y quizá hasta los económicos.

Juan Gabriel Castro y Kundy Gutiérrez, valientemente expusieron lo que ocurría entre los hombres de pantalón largo que toman las decisiones y fueron cesados por ello; se les acusó de chismosos y sapos, pero mostraron honor y valentía para denunciar las irregularidades que observaban en detrimento de un proceso que ya estaba en marcha para los Juegos Olímpicos y que hoy cobra vigencia porque todo lo que ellos en su momento esgrimieron, hoy ha derivado en un fracaso mayúsculo del seleccionado mexicano.

La historia ya también la conocemos; tras el despido de Castro y Gutiérrez, se eligió a un buen manager en la figura de Benjamin Gil, timonel de Mariachis de Guadalajara en la Liga Mexicana de Béisbol LMB y de Tomateros de Culiacán en la Liga Mexicana del Pacífico LMP; un hombre con un buen palmarés local pero sin experiencia internacional, que le ha cobrado factura.

Se llega después a la integración caprichosa del roster y como se dijo ya antes, no estaban todos los que eran ni eran todos los que estaban.

“No siendo ocioso revisar con mucho cuidado la composición, la posibilidad, la prospectiva y el armado del equipo, ojalá, deseamos, haya sido la mejor decisión y que nos den los resultados que el Béisbol mexicano merece, aunque no omito mencionar, se extrañan figuras de la talla de Roberto Osuna, Brennan Bernardino, Amadeo Zazueta, Jesse Castillo, Matt Clark, Luis Alfonso Cruz, entre otros, siendo polémica finalmente la lista y replicando algunas voces que dicen ‘ni son todos los que están, ni están todos los que son’”.(Vuelacercas 03/07/21)

En cuanto a lo beisbolístico, a México le correspondió integrar el grupo A junto con el equipo anfitrión Japón, y República Dominicana que en el papel aparecía como el rival más fuerte.

Por la experiencia de los dominicanos y por el palmarés de algunos peloteros mexicanos en la justa como El Titán González, Oliver Pérez, y Daniel Espinoza, ex ligamayoristas, ambos lucían con más posibilidades de seguir avanzando, aunque sin descartar a Japón que integró gente joven, preparada, y enjundiosa.

Pero resultó lo impensable, se perdió frente a la escuadra quisqueyana, -dicen algunos que no jugaron tan mal- y después ante Japón.

No obstante, el caos, y el ridículo más espantoso llegó al ser apaleados y echados de la competencia por Israel, un equipo que llaman de forajidos porque no provienen de una Liga sólida, siendo que su Liga es muy pequeña en Israel y casi todos sus peloteros juegan en ligas menores de Estados Unidos o en ligas independientes. Los israelíes pusieron el último clavo en el ataúd de los mexicanos que tras tremenda paliza no supieron responder, exhibiendo las múltiples fallas de un equipo que no estaba preparado para la competencia.

De la gloria de llegar a los olímpicos con todo merecimiento, se regresan con un fracaso estrepitoso con tres derrotas al hilo.

Ahí están los resultados. Habrá que hacer una obligada reflexión en cuanto a nuestra calidad, -porque los jugadores los tenemos-, en cuanto al manejo extra deportivo, en cuanto a la politiquería y la grilla que nos está hundiendo.

¿Quién manda en el béisbol mexicano? ¿Quién debe renunciar? ¿Quién debe dar la cara? ¿Quién debe asumir la responsabilidad del fracaso?

Si como dicen, es Edgar González Sabín, titular de la Oficina de la Presidencia para la Promoción y Desarrollo del Béisbol (Probeis), quien manotea todo aunque su trabajo no le otorgue esas facultades, entonces quizá debamos pensar existe una mano superior que ha movido a su antojo todo lo concerniente al seleccionado nacional, siendo además el hombre más cercano al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los responsables saltan a la vista, están en boca de todos quienes de alguna forma estamos atentos al devenir del Béisbol en México.

Edgar González Sabin, debe ser uno de ellos. Otro debe ser el presidente de la Federación Mexicana de Béisbol (Femebe), Enrique Mayorga, quien para mayor referencia, simplemente hizo mutis y ni siquiera acudió a la cita olímpica, para según se dice, cederle su lugar a Edgar González -que no tenía absolutamente nada qué hacer en esa delegación-. Pero también por inacción y además del fallo garrafal global de toda la delegación que se cuece aparte pero que se engloba ahí, habrá que mencionar al presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM), Carlos Padilla, y a la directora de la Comisión Nacional del Deporte, Ana Gabriela Guevara, sin quitar responsabilidad a la titular de la Secretaría de Educación Pública, Delfina Gomez, siendo que bajo su égida se encuentra la CONADE.

La polémica fotografía en la que aparece parte del equipo encabezado por el cuerpo técnico con la franela de Tomateros de Culiacán hoy cobra relevancia.

Para los peloteros fue un viaje de paseo. Lo dije en su momento; confundieron Tokio con Disneylandia y mostraron su total desconocimiento y falta de respeto en un certamen al que acuden deportistas que han entregado toda su vida a prepararse para ello. Deportistas que sacrifican todo por ganarse un lugar en la justa veraniega y una vez en ella dan su máximo esfuerzo para lograr las marcas, para conseguir las medallas, para romper récords. Esa es la diferencia que quedó manifiesta y plasmada en la fotografía de la vergüenza.

Opinió[email protected]
@salvadorcosio1

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