Marco Estrada, salidas de calidad; yucatecos desgastados

septiembre 20, 2018

Tirabuzón

CDMX.- Bien dicen que “cuando hay para carne es vigilia”. En cuanto el umpire canta el “pleybol”, no hay nadie más indefenso en un diamante que el pitcher. Solo, ahí en el cerrito, de frente al bateador y al respetable público, hostil o amigable, dependiendo de la situación.

A Marco Estrada (7-13, 5.57) le ha llovido en su milpita, en su cuarta y seguramente última campaña con los Azulejos de Toronto (69-83), que en un año para el olvido, no han tocado fondo en la división Este, porque los Orioles de Baltimore (44-108) han estado peor.

No hay duda que ha sido una mala temporada para el sonorense, pero actuaciones como la de la otra noche, precisamente contra los Orioles (6e, 4h, 1c, 1b, 5k), le lavan la cara y eso ha ocurrido en 11 ocasiones en 2018 con trabajos que en el béisbol moderno son considerados de calidad,  sufriendo en su mayoría, derrotas.

LAS últimas dos asistencias en el Kukulcán Álamo de Mérida, 6 mil 049 aficionados, en el sexto juego y 5 mil 123 en el séptimo de la serie que ganaron los sorprendentes Guerreros de Oaxaca, fueron el “tiro de gracia” para  la idea de los dos torneos cortos.

Y miren que se trata de la plaza del campeón del Primavera, sospechando que las muchas emociones del 2018.1, aunado al derroche que implica ir a diario al parque de pelota, terminaron desgastando  a los beisboleros yucatecos.

Es lo que no han querido entender en la Liga Mexicana, endosando a su clientela una carga de juegos—en 2019 serán 120, ahora sí, de corridito y a dos vueltas– aferrados en el prurito AAA, según nos dijo una autoridad en la materia, el licenciado Jorge Pulido, ex directivo de los Tigres capitalinos y ex albacea de los jugadores, hoy, tan campante, a sus casi 100 años de edad.

DESDE luego, no hay sobrevivientes activos de la primera y única vez que Diablos Rojos y Guerreros se dieron un quién vive en playoffs, hace 20 años, con un saldo que incluye la desaparición del escenario del desenlace favorable a Oaxaca, el Parque Deportivo del Seguro Social, como se leía en la marquesina con vista a la avenida Cuauhtémoc y donde hoy atrae multitudes gigantesco centro comercial.

Por cierto, ¿serán capaces los tan cercanos protagonistas de llenar sus respectivos estadios? Aquí, en el Alejandro Aguilar Reyes,  “Fray Nano”, eso no se ha dado en los playoffs, con todo y el optimismo que supone boletaje agotado y a  la hora de los cañonazos, el pequeño inmueble se aprecia más desolado que un museo.

Y en el Eduardo Vasconcelos que nadie recuerda cuándo lo llenaron y que  el domingo 16 de septiembre, apenas mil y fracción de espectadores atestiguaron victoria de sus colores que resultó clave.

“DEJEN de estar hablando disparates. Su hobbie es jugar golf, dominó… pues la música es lo mío”. ¿Quién lo dijo? A) El bigleaguer en retiro y hoy laureado guitarrista, el puertorriqueño Bernabé Williams. B) José Reyes, jugador de cuadro de los Mets de Nuev York. C) El senador por Coahuila, Armando Guadiana Tijerina, ex propietario de los Saraperos de Saltillo, que no canta mal las rancheras.

La respuesta en caliente: el dominicano José Reyes (.195, 4, 16), al borde de un ataque de furia, enojado con los periodistas neoyorquinos que atribuyen a su mala temporada, su aparente distracción en la música “guapachosa”.

OBSERVACIONES.- “Casa llena”, incluidos un sacerdote y un mariachi, en la inauguración de las oficinas de la LMP en Guadalajara. Y pensar que Armando Navarro Peña, duró casi 20 años haciéndole  la “llorona” al circuito costeño, para que aceptaran a la segunda ciudad en importancia en territorio nacional. Y así hubiera seguido, si no se le atraviesa el dueño de los Algodoneros de Guasave, el muy práctico Jaime Castro Parra… Después de breve escala en Yucatán, el venezolano Carlos Zambrano (2-1, 5.18), estelar indiscutible de su momento en el Big Show,  continuará su recorrido de retorno, ahora en la pelota invernal de su país, enrolado con los Navegantes de Magallanes.

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