Ex pelotero murió al lado de Koby Bryant

enero 27, 2020

Tirabuzón

CIUDAD DE MÉXICO.- Una de las víctimas en el accidente aéreo en el que murió el basquetbolista Koby Bryant, su hija y varias personas, el pasado domingo en California, respondía al nombre de John Altobelli y fue manager en la pelota colegial de dos peloteros famosos en Nueva York, además de jugar brevemente en la sucursal clase A de los Marlins de Miami, en 1985.

Altobelli, quien viajaba con su esposa y una hija que también perecieron, dirigió al hoy toletero de los Yanquis, Aaron Judge, y al prometedor segunda base de los Mets, Jeff McNeil, en la Universidad de Orange Coats. Ambos bigleaguers externaron su pesar en las redes sociales.

Y en el caso de Judge, unos días después de reciente intervención en su cuenta twitter en la que borró un mensaje de felicitación al venezolano José Altuve por ganarle la nominación a Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 2017, decepcionado por el escándalo del robo de señales.

Altobelli, un ex jardinero de 52 años, ganó 4 títulos en el prestigiado beisbol universitario estadounidense, el más reciente en 2019, cuando lo designaron el coach del año, coincidiendo con su arribo a 700 victorias.

En su única incursión en el profesionalismo, Altobelli solamente participó en 15 juegos (.114, 0, 0), haciendo causa común con jóvenes que llegaron y triunfaron en Grandes Ligas, como el pitchers Eric Rasmussen y el jugador de cuadro Tim Foli, campeón con los Piratas de Pittsburgh en la Serie Mundial de 1979.

Y cuatro más que igualmente actuaron en las Mayores y en Liga Mexicana del Pacífico: los bateadores Broderick Perkins (Tijuana), Derrel Thomas (Ciudad Obregón) y Tim Ireland, quien maniobró un rato el timón de los Tomateros de Culiacán (2000-2001) y el lanzador Willie McEaney (Mexicali), autor de un sin hit ni carrera contra los Algodoneros de Guasave, en 1980.

TRAS cerrar el rol regular con 0-5 y 5.02 en sus últimas seis aperturas, el novato de los Venados de Mazatlán, el poblano Édgar Torres (4-6, 3.96), registra 2-1 y efectividad de 1.26 en cuatro inicios de playoffs y uno de la serie final, 16 chocolates y 2 boletos, en 28 innings y dos tercios.

Torres únicamente estuvo por debajo de su nivel en su primera salida en semifinales ante los Yaquis de Ciudad Obregón, quienes lo echaron del cerrito con un castigo de 3 imparables—un jonrón—y tres carreras limpias, en un inning y dos tercios.

En las otras cuatro abrumó a sus rivales, en dos ocasiones a los Naranjeros de Hermosillo y en una a los propios Yaquis y a los Tomateros, compilando2-0 y 0.33 en carreras limpias, 16 ponchados y apenas una base por bolas.

El momento de Torres se presta para imaginar que su estampa no ha pasado inadvertida para los scouts que siempre andan a la caza de talento, en un escenario parecido al que proyectó al Big Show en 2017 al hoy relevista y abridor de los Medias Rojas de Boston, Héctor Velázquez.

OBSERVACIONES: Se cumplió un año de que el presidente Andrés Manuel López Obrador reunió a empresarios y personajes del beisbol nacional en el entonces destartalado estadio Francisco Carranza Limón de Guasave, para anunciar el regreso de los Algodoneros y lo que realmente resultó el “bombazo” de la soleada tarde: la inclusión a la LMP de los Sultanes de Monterrey.

Hasta allá llegaron el propietario de los Diablos Rojos, Alfredo Harp Helú, quien aportó una lana para la reconstrucción del parque de pelota y el dueño de los Sultanes, Francisco González, así como el presidente de la Mex Pac, Omar Canizales Soto y el CEO de la Liga Mexicana, Javier Salinas, cuyo recuerdo, todavía pone paranoicos a más de tres.

En San Diego siguen negociando los servicios de una súper estrella por segundo receso consecutivo, el jardinero de los Medias Rojas, Mookie Betts. En 2019 consiguieron al agente libre Manny Machado.

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