CHARLANDO DE BEISBOL

Por Rodrigo Robles / @rodrigoroblesb

Veracruz, Ver., MÉXICO. – “Ellos dicen que algunos de mis jugadores se creen estrellas y beben whisky. Pero he encontrado que los que beben batidos de leche no ganan muchos juegos”, CASEY STENGEL. –

** LOS QUE FALTAN. – El beisbol es un deporte de voluntades, una actividad física donde debe hacerse presente una cohesión e identidad para tirar todos juntos hacia un mismo objetivo. La idea es construir.

Nadie duda de la importancia y trascendencia del Salón de la Fama del Beisbol Profesional Mexicano cuyo objetivo es preservar el legado de los diferentes jugadores que labran una gran carrera, consiguen una gran hazaña o logro. El recinto también incluye a umpires, directivos y cronistas.

Hace poco menos de 20 años hubo una seria discusión entre varios compañeros de los medios de comunicación sobre el hecho de incluir algún día a los batboys. Soy de los que abogan porque su legado sea preservado en el recinto de los inmortales. Seguramente algunos pensarán: “Pero ¿cuál legado?”.

Creo que debe haber un apartado especial para aquellos bat boys que brindan su vida y ejemplar servicio a los diferentes clubes de circuito, tanto veraniego como invernal.

De los primeros que se me vienen a la mente es Antonio “El Abuelo” Mora o José Luis “El Pájaro” Ibarra, cuyo número 35 incluso fue retirado en la organización de los Tigres de Quintana Roo.

Esa idea fue secundada por Óscar Téllez, un aficionado que en su tiempo era visitante asiduo al parque Deportivo del Seguro Social y que tuvo a bien escribir una misiva donde incluso proponía que los anotadores oficiales también deberían ser incluidos, entre ellos Roberto Kerlegand.

Posteriormente surgieron las letras de Don Ricardo Velásquez, colega de la ciudad de Monterrey, donde lo más rescatable que menciona es que el sagrado recinto con sede en la capital de Nuevo León, debe ser única y exclusivamente para el pelotero o manager extraordinario y sobresaliente.

Por supuesto que estoy de acuerdo con esa aseveración, la entronización debe ser un homenaje para aquellos que con sus capacidades y cualidades tanto físicas como mentales trascendieron en el juego de pelota, que su actuación en el terreno de juego fue factor importante para darle triunfos y títulos a su equipo, o aquellos que se hayan destacado en los más altos niveles.

Con base en lo anterior soy de la idea que debe abrirse un apartado especial para que las personalidades que no fueron jugadores, pero que se reconoce el trabajo que realizaron gran parte de su vida en pro del beisbol mexicano, mereciendo una mención honorífica o un justo reconocimiento a su labor.

Con esa medida se deja intacto el listado de peloteros en el Salón de la Fama. El siguiente paso sería hacer una depuración de los personajes que actualmente son miembros del Salón pero que nunca jugaron al beisbol profesional y reubicarlos en un apartado honorífico que integren directivos, umpires, periodistas, cronistas, anotadores oficiales, bat boys y hasta scouts, complaciendo a aquellos que han mencionado que el cubano Mike Brito merece un lugar en el santuario del beisbol.

Tampoco es que se abarate la estancia en el “Pabellón de la Inmortalidad”, en su momento el bien querido y recordado Ing. Jorge Carlos Menéndez Torres mencionó, “es mejor que no se entronice a alguien de quien se tenga duda, puesto que el Salón de la Fama fue hecho para personas excelsas que participaron en el juego de beisbol”.

Por cierto que el Ing. Jorge Menéndez fue entronizado en 2020 en su calidad de cronista, ya con la nueva administración y dirección de la Calle Gregorio Torres en la “Sultana del Norte”.

Para concluir, si el Salón de la Fama quiere seguir el objetivo de dignificar a aquellas personalidades que realizan una importantísima labor, entregando gran parte de su vida a las funciones de bat boy, deberá considerarlos, aunque sea como mención honorífica o asterisco. Finalmente forman parte del juego activo.

** CURIOSIDADES. – Del primer pelotero que se supo murió en un accidente de aviación fue el lanzador derecho Marv Goodwin de San Luis, fue en 1925, cuando entonces tenía 34 años de edad y estaba entrenándose como piloto de la fuerza aérea.

El accidente de avión donde falleció el puertorriqueño Roberto Clemente fue el más sentido por los latinoamericanos, sucedió en las últimas horas de 1972. Clemente fue jardinero derecho de los Piratas de Pittsburgh, iba con destino a Nicaragua con ayuda para los damnificados de un terremoto.

“Encuentra algo que te apasione y mantente tremendamente interesado en ello”, JULIA CHILD .-

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